El agotamiento emocional

Meditación, Mindfulness

El agotamiento emocional, la consecuencia de exigirse ser fuerte

Hoy te quiero hablar del agotamiento emocional, ese estado al que se llegamos por sobrecarga de esfuerzo. En este caso, no quiero hablar solo de excesos laborales, sino de cargar con la responsabilidad de asumir conflictos, responsabilidades o estímulos de tipo emocional o cognitivo.

 

El agotamiento emocional se origina porque hay un desbalance entre lo que damos y lo que recibimos y también pienso que esto ocurre en ámbitos en donde hay una gran exigencia, que, a su vez, aparentemente, demanda mucha atención.

 

Lo usual es que la persona agotada carezca de tiempo para sí misma. Tampoco recibe el reconocimiento, el afecto o la consideración suficiente. Se espera de ella que “rinda” todo el tiempo. Como si no tuviera necesidades, o como si fuera más fuerte que el resto y pudiera aguantarlo todo. ¿Os suena esto…?

 

El embudo del agotamiento se crea a medida que se vamos cerrando el círculo de actividades que nos llenan y nos aportan en nuestra vida para centrarnos en resolver los problemas inmediatos, por ejemplo, cuando estamos bajo presión. Vamos dejando de lado las cosas que nos producen satisfacción, porque las consideramos opcionales, para dedicar más tiempo a las cosas “importantes”, como el trabajo. Vamos quitando de nuestra agenda las actividades que nos complacen y nos vamos sintiendo cada vez más agotados e infelices.

Al ir cerrándose el círculo de nuestra vida por dejar de lado las actividades que nos satisfacen y nos nutren el embudo se va haciendo más y más estrecho. Pasando al principio por problemas de sueño, luego fatiga, después irritabilidad, llevándonos a la tristeza, desesperación y agotamiento.

Las actividades que nos gustan nos aportan más que satisfacción, nos llenan de una manera más profunda y nos ayudan a llevar mejor las situaciones difíciles de la vida. Otras actividades nos agotan, se llevan nuestra energía, nos dejan más vulnerables ante las complicaciones del día a día.

En nuestra vida debemos tener un equilibrio entre las actividades que nos agotan y las que nos alimentan. Para ello debemos ser conscientes que nos provocan nuestras ocupaciones diarias. Las actividades que nos alimentan nos levantan el estado de ánimo, nos dan energía, nos centran, nos calman, nos dan sensación de estar vivos, presentes. Los quehaceres que nos agotan nos roban energía, nos hacen sentir tensos, divididos, reducen nuestra sensación de estar realmente vivos y presentes.

 

Hay aspectos de nuestra vida que no podemos cambiar a corto plazo, como puede ser el trabajo. En estos casos podemos:

 

Incrementar las actividades que nos alimentan. Dedicando más tiempo y esfuerzo.

Realizar las tareas agotadoras con otra actitud. Hacerlas con atención plena, en vez de juzgarlas y censurarlas deseando que se terminen cuanto antes. De esta manera mejora nuestro bienestar subjetivo mientras lo hacemos.

Saber que actividades nos alimentan es muy útil para las temporadas que estamos estresados, bajos de ánimo o agotados. Dedicándolas más tiempo nos ayuda a volver a una vida equilibrada y satisfactoria.

 

Darse cuenta del equilibrio entre las actividades que nos agotan y las que nos llenan tiene un benéfico extra: examinar la relación entre nuestros estados de ánimo y nuestros actos. En épocas de alto estrés o agotamiento creemos que es lo que hay, que no podemos hacer nada para cambiarlo. Son sólo pensamientos, no la realidad absoluta.

 

Comparto contigo este bonito cuento “Afilar el Hacha” , que nos explica muy bien el valor de parar para afilar tu mejor herramienta de trabajo: TÚ. El hacha eres tú y no sirve de nada trabajar sin parar cuando no puedes dar el 100% de ti porque no tienes energía.

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